sábado, 9 de marzo de 2013

Segundo día en París, Notre Dame y el Barrio Latino

Amanecía en la ciudad y nosotros dormíamos tan a gusto. Iba a comenzar nuestro segundo día en Paris. El desayuno lo empezaban a servir bien pronto (de 5.00 a 10.00 de lunes a viernes y de 5.30 a 10.30 los sábados y domingos) pero como el día anterior nos habíamos ido algo tarde a la cama decidimos apurar todo lo que pudimos la hora de levantarnos.

El desayuno no es nada del otro mundo, más bien algo regular. Tienes zumo de naranja y de manzana, infusiones, chocolate y café; baguettes como para abrir una panadería, pan de molde, bizcocho y cereales; mermeladas, una especie de nocilla (en mi vida había comido tanta como lo hice esa semana), compota de manzana (fue la única fruta que vimos) y dos tipos de quesos; y también había yogurt. Vamos, que era un desayuno poco variado, pero del que dábamos buena cuenta.

Cuando salimos del hotel vimos que se nos había hecho algo tarde, pero bueno, el sueñecito que nos echamos mereció la pena. Hoy íbamos a ver el centro de París, la Isla del Asentamiento (Île de la Cité) y el Barrio Latino. Pero por el camino hicimos una parada para ver el Louvre (por fuera) y el Jardin du Carrousel. Otro día entraríamos en el museo y pasearíamos por estos jardines, esta vez teníamos en mente otros lugares.

Cruzamos el río y fuimos paseando por la orilla hasta llegar a uno de los muchos iconos que tiene esta ciudad, Notre Dame. Es una iglesia realmente bonita que se conserva muy bien pese al paso de los años. De hecho, es una de las catedrales góticas más antiguas del mundo (construida entre 1163 y 1245). En su interior han tenido lugar acontecimientos tan importantes como la coronación de Napoleón Bonaparte, la beatificación de Juana de Arco o la coronación de Enrique VI de Inglaterra. Dando algún dato más, para los más curiosos, hay que decir que las dos torres de su fachada miden 69 metros. Sí, en esas torres era donde vivía Quasimodo (El Jorobado de Notre Dame).

Nuestra idea era ver Notre Dame por fuera, por dentro y subir a las torres. Así que por las horas que eran decidimos empezar a guardar cola para subir a las torres cuanto antes. Os recomiendo que no hagáis como nosotros y madruguéis para evitar largas colas. Estuvimos dos eternas horas esperando hasta que pudimos subir. Pero "solo" fueron dos horas porque si llegamos a ponernos a la cola más tarde se habrían convertido en tres. De todas formas aprovechamos el tiempo de espera dándonos un paseo para hacer unas fotos del lateral de la iglesia mientras uno de los dos guardaba el sitio.

Las vistas desde las torres son muy bonitas y realmente fotogénicas. Sin duda alguna merece la pena subir previo pago de unos euros (ver tarifas aquí). Aunque a nosotros nos salió gratis con la Paris Museum Pass. Eso sí, si vais, intentad ir pronto para evitar colas interminables.

Al bajar se nos había hecho bastante tarde, así que optamos por dejar el interior de la iglesia para otro día. Seguro que pasábamos por allí más de una vez.

Nuestro siguiente destino fue el Panteón (Panthéon). Otro de los grandes monumentos de la ciudad. La fachada del Panteón recuerda a su homónimo romano que habíamos visto hace ya 7 años en nuestro primer viaje a Roma. Sin embargo, este edificio data de finales del siglo XVIII. A lo largo de la historia ha desempeñado diferentes funciones tanto religiosas como patrióticas. A día de hoy es el lugar donde se encuentran enterrados personajes ilustres franceses como Voltaire, Victor Hugo, Rousseau, Marie Curie o Louis Braille. Pero además de la cripta, también destaca la grandeza y belleza del interior del edificio. En el centro se encuentra el conocido (sobre todo para la gente de ciencias) Péndulo de Foucault que se utiliza para demostrar la rotación de la Tierra y el efecto Coriolis.

Al igual que ocurre con otros tantos edificios en París, la entrada al Panthéon es gratuita y no necesitas esperar colas si tienes la Paris Museum Pass, sino te tocará pagar. Nosotros para evitar las miradas inquisitivas de la gente de la cola al verte entrar sin esperar un segundo (con la tarjeta no tienes que esperar nada) entramos por la salida. Aún así no evitamos un "Mira estos que listos, se cuelan por la salida y no pagan un duro".

Después de acercarnos a ver la Iglesia Saint-Étienne-du-Montmáis, situada justo detrás del Panthéon fuimos directos al siguiente punto en nuestra ruta, los Jardines de Luxemburgo. Uno de los parques más bonitos de la ciudad, aunque no en esta época, no había muchas flores.

El parque es perfecto para relajarse sentado en una de las tantas sillas de metal que hay alrededor de un encantador estanque en el que los niños juegan con pequeños barcos de vela de juguete.

Desde allí nos acercamos a una iglesia algo más modesta que los grandes monumentos que habíamos visto a lo largo del día, la Iglesia del Saint-Sulpice. Está situada en una bonita plaza dominada por la Fuente de los Cuatro Puntos Cardinales, un lugar tranquilo para descansar. Nos llamó la atención que en el interior de la iglesia hay una escultura de San Pedro muy parecida a la que se encuentra en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Por cierto la entrada al interior es gratuita para todo el mundo.

Después de endulzar nuestro paladar con un gofre y una crêpe seguimos nuestro camino deambulando por el Barrio Latino. Más tarde volvimos a cruzar la Île de la Cité y pasamos al lado de una bonita torre, la Torre Saint Jacques hasta llegar al siguiente punto marcado para ese día, el Centro Georges Pompidou.

Se nos había hecho tarde para visitar el museo (del que hablaremos otro día), pero no para subir a la azotea y ver que vistas teníamos desde allí. Nosotros subimos gratis, una vez más, con la Paris Museum Pass. Desde lo alto, en la terraza de un restaurante, se puede ver la omnipresente Torre Eiffel, la basílica del Sacré Coeur, Notre Dame y La Defense, entre otros.

Salimos de allí algo más tarde de las 21.30, completamente de noche. Pero todavía teníamos ganas de más, así que fuimos directos al Arco del Triunfo que no cerraba hasta las 23.00. La entrada con la Paris Museum Pass es gratuita (más info de horarios y precios aquí) así que aprovechamos para echar un vistazo a París de noche. Es una de las mejores vistas de París, no tan buena como la de la Torre Eiffel, pero casi. Desde lo alto del arco se tienen unas estupendas vistas de toda la ciudad, pero especialmente de la Torre Eiffel y del barrio de La Defensa.

Este gigantesco arco, con unas dimensiones de 50 metros de alto por 45 de ancho, representa las victorias del ejército francés de Napoleón, el cual lo mandó erigir en 1806. Desde luego que a este hombre no le gustaban las cosas pequeñas (puede que debido a su complejo), y es que este monumento, junto a la Torre Eiffel son los que más impresionan por su grandeza.

En la base del Arco se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido, que representa a todos aquellos franceses que murieron en la Primera Guerra Mundial. Desde 1912, año de su construcción, hay una llama que permanece siempre encendida. Aunque no sea algo que se conozca mucho, también hay que decir que en el interior del arco hay un pequeño museo donde se explica la construcción del Arco.

Se me olvidaba decir que el Arco del Triunfo se encuentra en la plaza Charles-de-Gaulle. Una gigantesca rotonda donde confluyen 12 avenidas, que aunque no tenga los carriles pintados yo diría que caben unos 10 coches en paralelo. Es una verdadera locura para el conductor, de hecho, tienen preferencia los vehículos que entran a la rotonda que los que están dentro. Por cierto, si vais, no se os ocurra cruzar todos esos carriles para llegar al Arco del Triunfo (aunque nosotros vimos a unos que lo hicieron). Existe un paso subterráneo que mantiene tu integridad física a salvo.

Y con esto terminó el día, un día con grandes monumentos y grandes colas. Mañana sería otro día lleno de emociones, no hay duda, íbamos a subir a la Torre Eiffel.



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jueves, 7 de febrero de 2013

Echando la vista atrás, resumen del 2012

(Esta entrada debió ser publicada a principios de año, pero más vale tarde que nunca)

Ha terminado otro año más y es hora de hacer resumen. No ha sido un año tan viajero como los anteriores, pero tampoco ha estado mal.

París (abril 2012)

Al igual que en otros años, nos fuimos de viaje en abril. Esta vez era el turno de una de las grandes capitales europeas y mundiales, París. Era una ciudad que Lena ya había visitado antes, hacía ya 10 años... Yo todavía no había tenido esa suerte, así que decidimos irnos 7 días para allá.

No hay duda de que París tiene monumentos icónicos que son reconocidos por cualquiera.

Pero no solo por fuera destaca su belleza, el interior de los edificios también es de gran valor tanto en las nuevas construcciones como en las antiguas.

Sus edificios no son cofres vacios, sus museos guardan tesoros de un valor incalculable.

Tiene iglesias que todos conocemos y otras que fueron diseñadas para ser edificios religiosos pero tomaron un papel pagano.

Pero no solo hay edificios imponentes, los parques, calles y puentes de la ciudad rezuman ese romanticismo y clasicismo tan bien otorgado a la ciudad.

Aunque no todo es clásico y romántico, también tiene su rincón el lado más moderno de la arquitectura.

Y como no podía ser de otro modo, a toda ciudad con tanto atractivo le acompañan sus interminables colas.

Europa Central (julio 2012)

Nuestro siguiente viaje, fue el gran viaje del año. 13 días por Europa Central visitando cuatro países, República Checa, Austria, Eslovaquia y Hungría.

Nuestros primeros días los pasamos en Praga descubriendo una ciudad con mucho encanto, romántica y con un dulce típico que nos creó adicción, el Trdelnik.

Desde allí hicimos una excursión de un día a un pueblo del sur de la República Checa, Český Krumlov. Sin duda es un lugar que bien merece una visita.

Nuestra siguiente parada fue Viena, en la que disfrutamos de sus palacios, sus parques y sus bicis.

Antes de llegar a nuestro punto final del viaje, paramos una noche en Bratislava, la capital de Eslovaquia. Pese a no ser tan monumental como las otras capitales merece la pena pasar un día allí y sentir ese aire soviético que todavía la acompaña.

La última parada del viaje fue Budapest, la perla del Danubio. Una ciudad con mucho que enseñar y de la que me lleve una gran sorpresa.

Roma y Florencia (noviembre 2012)

El último viaje del año fue algo diferente a lo normal ya que me fui con mis padres y no con Lena, mi inseparable compañera de viaje. Esta vez no pudo ser, pero todavía nos quedan muchos sitios por conocer.

El destino era Roma, aunque también nos acercaríamos un día a Florencia. Ya había estado en ambas ciudades, así que haría las veces de guía. De todas formas, en Roma tuvimos la constante ayuda de mi amigo Maurizio, romano de pura cepa y pucelano de adopción. Nos recomendó lugares, nos fue a buscar al aeropuerto, nos llevo a cenar... Mau, sabes que no me cansaré de darte las gracias.

Visitamos los monumentos archiconocidos y no los que no lo son tanto y disfrutamos de sus calles, su ambiente y sus milenios de historia.

También disfrutamos de la comida típica italiana, comiendo la mejor pizza de toda Roma, y de la no tan famosa, pero deliciosa, comida típica romana. Después de aquella maravillosa cena del domingo se crearon buenas amistades y se fortalecieron otras que ya existían.

Como estábamos en Roma, no perdimos la oportunidad de visitar el pequeño estado que existe dentro de la ciudad, el Estado de la Ciudad del Vaticano.

Aunque no está demasiado cerca, algo menos si utilizas el freccia rossa (tren de alta velocidad), fuimos a pasar uno de los días a Florencia. Tenía los recuerdos muy recientes y casi conservaba el sabor de los deliciosos helados toscanos.

Esto ha sido nuestro año pasado en viajes, menos movido que los anteriores, pero lleno de emociones. Hemos redescubierto ciudades, nos hemos reencontrado con buenos amigos, hemos saboreado nuevos platos y hemos vuelto a probar aquellos que nos enamoraron... Todo gracias a ese sano vicio que es viajar.